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Té verde

te verde

Desde que los chinos descubrieron el té verde no han parado de descubrirse nuevas aplicaciones en su consumo. Perteneciente a la familia del té Camellia sinensis, la diferencia del té verde respecto al negro, radica en que el proceso por el cual se recogen sus hojas y se tratan impide que se oxide.

La popularidad del té verde lo convierte en la principal variante de esta planta, dado que ocupa alrededor de una cuarta parte de todo el que se produce. Si bien su origen se remonta a la China antigua, exactamente al año 2737 antes de Cristo, con el paso de las épocas llegó a otros países y extendió su popularidad.

Hay importantes diferencias entre los tés procedentes de China y Japón, pero en ambos casos la sociedad ha aprendido a beneficiarse no solo de sus propiedades saludables, sino también de su aroma y sabor.

El consumo de té verde en infusión lleva presente en la sociedad desde el descubrimiento de los chinos, aunque inicialmente solo se lo podían permitir las familias ricas y los políticos. Sus increíbles propiedades medicinales lo han ido popularizando con el paso de los años. El minucioso trabajo de secado, prensado, enrollado y triturado es el responsable de dichos beneficios.

Se sabe a ciencia cierta que el té verde ayuda en prácticamente todo contexto aunque en ocasiones no tengamos del todo claro cómo lo hace. Sencillamente confiamos en él para solucionar todo tipo de dolencias dado que está demostrado desde hace años que ayuda a los cinco órganos vitales del organismo.

Ayuda en la lucha contra los efectos del alcohol en el cuerpo, es muy bueno para el corazón, elimina las consecuencias de una indigestión y también favorece a la piel. Es una bebida tan polivalente que sería absurdo no tomarla para sentirnos mejor.

¿Cómo preparar té verde?

Ingredientes:

  • Té verde en polvo (media cuchara grande)
  • Agua (1 taza)
  • Miel (2 cucharadas grandes)
  • Limón (medio)

Pasos:

  1. Ponemos el agua en un cazo y añadimos el té verde en polvo (antes de comenzar a calentar).
  2. Esperemos a que el agua esté hirviendo.
  3. Fijémonos en que el té ya se haya ido hacia el fondo del cazo.
  4. Usa un colador y cuela el té para que a la taza solo caiga el preparado.
  5. Ponemos la miel (si dos cucharadas es mucho o somos poco dulceros, reduzcamos la cantidad).
  6. Añadimos el limón.
  7. Dejar enfriar un poco hasta alcanzar la temperatura adecuada.

 

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